"Serán sagrados porque Yo, Hashem, su Di'os, soy Sagrado"

"Serán sagrados porque Yo, Hashem, su Di'os, soy Sagrado"

Parasha Ajarei Mot - Kedoshim Vayikra - Levítico (16,1- 20, 27)

“Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: Sagrados serán, pues Yo, Hashem, vuestro Di'os, soy Sagrado” (Vaikrá 19:2).

 

Existen dos clases de santidad, la santidad que implica un alejamiento de lo que está permitido por la Toráh, “Santifícate con aquello que te está permitido”,
como escribió el Rambán; y también está la santidad que implica un alejamiento de lo que está prohibido por la Toráh, y a eso también se le llama santidad, como explicó Rashí sobre la frase del versículo “Sagrados serán”: “Aléjense de las relaciones prohibidas y del pecado, pues en todo lugar donde encuentres un alejamiento del adulterio, encontrarás santidad”, y Rashí cita varios ejemplos.

 

Este alejamiento se expresa a través de una separación de las naciones del mundo, las cuales se conducen libremente en cuanto a las relaciones prohibidas, los alimentos y cualquier placer, mientras que nosotros nos
limitamos en todo lo que respecta a pecados.

Incluso podemos explicar que las palabras “santifícate con aquello que te está permitido” indican que la forma en que debemos santificarnos con aquello que nos estaba permitido antes de la entrega de la Toráh es alejándonos
de ello, porque, por ejemplo, antes de recibir la Toráh no habíamos recibido la orden respecto a las relaciones prohibidas— como por ejempl,  vemos que Yaakov Avinu (nuestro Patricia) se casó con dos hermanas, y sus hijos se casaron con sus hermanas gemelas, y Amram se casó con su tía Yojéved, pues en ello no había ninguna prohibición—. Pero ahora que ya recibimos la Toráh y aceptamos los decretos del Creador Bendito, nos santificamos por medio de que no nos acercamos a las relaciones prohibidas, no comemos lo que está prohibido, y tampoco transgredimos ninguna de las demás prohibiciones de la Toráh.


Esto lo aprendemos de los versículos que se encuentran al final de la parashá, en donde dice: “Y seréis para Mí Santos (sagrados), pues Yo, Hashem, soy Sagrado, y os separé de los pueblos, para que seáis Míos”.

¿Cuál es la santidad con la que nos santificó Hashem? La santidad referida es el hecho de que Él nos separó de los demás pueblos.


Y sobre ese versículo, Rashí escribe algo estremecedor:
“Si ustedes se separan de ellos, ustedes Me pertenecen;
pero si no, ustedes le pertenecen a Nevujadnetzar y sus camaradas”.


Así ha sido en todas las generaciones; cada vez que los judíos trataron de acercarse a las naciones del mundo, los no judíos los oprimieron más y más. Y, lamentablemente, esa misma es la situación de hoy en día. ¿Por
qué? Porque los judíos quieren acercarse a los no judíos.


Aun aquí, en la sagrada Tierra de Israel, se encuentra la influencia de las demás naciones del mundo. Eso es “Nevujadnetzar”. ¿Pero quiénes son “sus camaradas”?

Son todos los opresores que se levantan contra el Pueblo de Israel en cada generación, por esa misma razón de querer acercarse a los no judíos.

Es terrible que el Creador Bendito llamó a Nevujadnetzar “Mi siervo” y le permitió destruir el Bet HaMikdash (el Gran Templo) y las demás ciudades de Israel.

 

No obstante, por supuesto, eso sólo fue en aquella época, en la que Israel se alejó de Hashem y entre ellos no había una proximidad verdadera.


Existe un nivel más de santidad que es la de “separarse de las naciones en Mi Nombre”. Esto es lo que Rashí continúa explicando respecto de lo que dicen nuestros Sabios, de bendita memoria:

“Rabí Elazar ben Azariá dice: ‘¿De dónde aprendemos que la persona no debe decir: “Me asquea la carne de cerdo”, “No me interesa
vestir ropas con shaatnez”, sino más bien decir: “Me gustaría comer carne de cerdo, pero qué puedo hacer si mi Padre Celestial me decretó que no puedo”? Lo aprendemos de lo que dice el versículo: “y os separé de los pueblos, para que seáis Míos”, es decir, que su separación de las naciones sea en nombre Mío, y se alejen del pecado y acepten el yugo del Soberano del Cielo’”.


En resumen, tenemos tres clases de santidad: la primera es “Sagrados serán”, que implica santificarse con lo que le está permitido. 

La segunda es “Y os santificaréis y seréis sagrados, y observaréis Mis estatutos y los haréis; Yo, Hashem, os santifico”, es decir, que con el hecho de cumplir los estatutos de Hashem (aceptarlos y cumplirlos sin objetar) “Yo, Hashem, os santifico”.

Y la tercera es “Y seréis para Mí santos, pues Yo, Hashem, soy Sagrado, y os separé de los pueblos, para que seáis Míos”, quiere decir que su alejamiento de ellos (de los
pueblos) sea en nombre Mío, en nombre del Cielo; ésta es la santidad por excelencia.


Se dice que “una mitzvá acarrea otra mitzvá”; de esta misma forma “una santidad acarrea otra santidad”.

La Toráh exige de la persona que al principio sea de la clase “Sagrados serán”, santificándose con lo que le está permitido, con las cosas comunes, como, por ejemplo, disminuir su conversación de temas banales con la mujer, o disminuir el alimento que come o el vino que bebe.
Luego le exige a la persona que sea íntegra en su servicio a Hashem, como dice el versículo:

“y observaréis Mis estatutos”, en el sentido de “Por Mis estatutos os
guiaréis” (Vaikrá 25:3), que son las leyes y los estatutos que iluminan el sendero de la persona; de esta forma, la persona se acerca más al Creador Bendito.

Luego el versículo dice: “Y seréis para Mí santos”, es decir, se convierten en parte misma del Creador Bendito con lo que se reconocerá la diferencia entre Israel y las naciones. Esta es la mayor santificación del Nombre de Hashem que existe, como decimos en la plegaria de Shabat:

“Y descansarán en él todo Israel, quienes santifican Tu Nombre”, lo cual quiere decir que el Shabat es uno de los niveles más elevados que tiene el Pueblo de Israel, y con él nosotros santificamos a Hashem. Más aún, mientras más nos separamos de las naciones, éstas nos dan más respeto; pero cuando pretendemos copiar sus estilos de vida, el odio de ellos hacia nosotros aumenta. (todo esto como lo hemos visto, es permitido por el Creador Bendito, ya que Él es quien nos quiere "Santos o sagrados" La palabra que se encuentra en la Toráh en el versículo de Vayikra 19,2 es "Kadosh" que que su traducción también puede ser "Apartado o Separado" 

Que sea Su voluntad que tengamos el mérito de acercarnos y elevarnos en los niveles de santidad en el sentido de “Y serán para Mí santos”. Amén, que así sea! 

 

Dedicado para la Refua "sanidad" de todos los enfermos de Am Israel y del mundo, también para todas las personas que están pasando por situaciones de necesidad, que tengan Parnasa y Hatzalaja "Buen sustento y éxito" 

 

El Jardín de Breslev te recomienda:

 


1 comentario

  • Alix

    Gracias por su tiempo…. excelente ..

Dejar un comentario

Por favor tenga en cuenta que los comentarios deben ser aprobados antes de ser publicados